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jueves, 5 de febrero de 2015

La religiosidad



Sobre la religiosidad.


La religión debe ser testimonio de vida, nacido de lo más profundo de nuestra conciencia, en un afán de dignificar nuestra vida. La liturgia y los ritos deben estar al servicio de ese testimonio, de esa Realidad que simbolizan. Lo contrario es una forma de idolatría, “opio del pueblo”.

"La verdadera religiosidad: El sentimiento más profundo y sublime del que somos capaces es la experiencia mística. Solamente a partir de ella brota la verdadera ciencia. El que es ajeno a este sentimiento, el que no puede admirarse y sumirse en un profundo respeto, ése está ya muerto en su alma.

El saber que existe verdaderamente lo que no puede ser investigado y que esto se revela como la suprema verdad y la belleza más resplandeciente, de las que nosotros sólo podemos tener un ligero presentimiento...este saber y este presentimiento son el núcleo de toda verdadera religiosidad." (Albert Eistein).

La religión responde a nuestro más profundo sentimiento espiritual y nos pone en comunicación con Dios, pero tiene el gran peligro (opio del pueblo) de ser el lugar donde se conservan y transmiten, de forma idealizada, los intereses humanos envueltos en las tradiciones que dan forma a la identidad de los colectivos humanos.

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