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jueves, 5 de febrero de 2015

El Amor y el mundo.



Sobre el Amor y el mundo.


Dios es Amor, comunión de Amor. Es la fuente de todo Amor. El Amor es esa fuerza espiritual, ese impulso del Espiritu, sembrado en nuestro interior por Dios al crearnos, que nos dirige a hacer el bien para crear un mundo fraterno. Cristo nos enseñó, en plenitud, como hacerlo en la práctica. El Amor es la razón de la vida, de nuestra vida. Por el Amor nos santificamos.
El mundo está hecho por Dios de tal forma que sólo si el hombre actúa movido por el Amor podrá hacerlo habitable. De otra forma, si actúa movido por el egoísmo,se asentará sobre él el imperio del mal. La libertad sólo será de provecho para el hombre si la utiliza para hacer el bien. Es el compromiso bíblico simbolizado en el Arbol del Bien y del Mal.
El plan de Dios es un plan de Amor que busca nuestra felicidad interior. Yo prefiero llamarla nuestra serenidad interior, la única posible en este mundo. La felicidad tendrá su plenitud en la vida sobrenatural.
El hombre sólo puede aspirar a la felicidad si logra acceder al manantial de vida que brota de lo más profundo de su alma.
En nuestro tiempo, el camino hacia la santidad pasa necesariamente por el mundo de la acción (Dag Hammarskjöld).
El dolor humano sólo se entiende, a la luz del Amor, como camino de santificación y purificación. En el dolor de la Cruz se muestra el Amor de Dios en toda su dimensión.
El infierno representa la incapacidad definitiva del ser para el Amor. El condenado es el ser inútil para el Amor. El infierno es la nulidad del Ser (“Más le valiera no haber nacido” que dijo Jesús).
En el amor sincero y desinteresado se vislumbra la huella de Dios. El amor es camino de perfección.
La plenitud de la vida cristiana se consigue a través de la perfección del amor y santidad.
La familia cristiana constituye la fragua del Amor de Dios.
Don Bosco: “Lo único que hace que un chico se sienta amado y objeto de atención es estar con él, la amabilidad y la bondad”.
La vida es un don, pero puede convertirse en un mal si no se vive dándose, amando. El regalo más bonito que podemos ofrecer es trasmitir la alegría del Resucitado y la fuerza de la esperanza ante la tumba vacía. La vida en Cristo se vive desde dentro y no en la superficie; la alegría y la bondad son su reflejo.
La cruz sufrida por Jesús revela la voluntad de Dios de compartir con los hombres su vida, amor y santidad hasta el extremo.
Cristo representa la plenitud del Amor que Dios puso en lo más íntimo del corazón humano por obra del Espíritu Santo.

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