Valores humanos y religión
En muchas conciencias los valores humanos descansan, cubiertos por el polvo de la indiferencia, en el baúl de los recuerdos. Por esa misma razón, podemos decir que vivimos tiempos en los que también la indiferencia religiosa está muy extendida. Pero no todo el mundo se comporta de la misma manera. Así, el creyente toma partido, cree en la trascendencia, y considera un absurdo que la vida sea un sinsentido, fruto del azar o la casualidad y que su final está condenado a diluirse en la nada. Concretamente, el creyente monoteísta cree que sólo la existencia de un Ser inteligente, todopoderoso y bueno es capaz de crear las maravillas del universo y dar sentido a la vida terrena y futura. Muestra su agradecimiento a Dios, dispuesto a colaborar en la obra creadora, como una forma de amarle. La comunicación entre Dios y el ser hunano es la esencia de la religión y la practica por medio de la oración y celebrándolo en comunidad. Cada religión lo hace a su manera.
La religión, vista de esta forma es fuente de esperanza y de valores que dignifican al ser humano. Pero tiene peligrosos rivales que le acechan permanentemente: el descreimiento, la indiferencia, el odio, la intolerancia, el desprecio gratuito. Si añadimos a esto los integrismos religiosos, bajo los que viven millones de personas exclavizadas por ese cáncer, tenemos el caldo de cultivo perfecto para desprestigiarla y perseguirla. Vivimos tiempos de increencia, desapego a los valores humanos y persecuciones religiosas en buena parte del mundo. No está de más recordar los verdaderos valores que la religión encierra y que deba tener el reconocimiento, la difusión y protección que se merece.