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domingo, 28 de octubre de 2018

Sobre los Sacramentos


Sobre los Sacramentos.

La palabra sacramento viene del término latino sacramentum, formado por las palabras "sacro", es decir sagrado y "mentum", es decir, medio, modo o instrumento. Se trata por tanto de un instrumento o modo de algo que es sagrado. Los Sacramentos representan pues un modo de acercarnos a lo sagrado o, dicho de otra manera, los caminos que nos orientan a la santificación de nuestras vidas. Los Sacramentos son, por ello, símbolos de santificación. Su esencia es la santificación personal de nuestras vidas. Por medio de ellos (cada uno a su manera) reafirmamos nuestra convicción cristiana del Amor y celebramos nuestra adhesión al evangelio de Cristo cumbre del Amor en plenitud. El sacramento en su manifestación externa simboliza la realidad espiritual que transforma nuestro ser, orientándonos hacia la santificación. El símbolo es su forma externa. Si ese símbolo no se siente como esa realidad espiritual interior y no va acompañado del compromiso personal, de la libre y sincera adhesión a Cristo y su mensaje salvador, está vacío de contenido, es puro rito.

El Sacramento es el Amor plenamente vivido. Es, por ello, el camino que nos orienta hacia el verdadero Amor, liberándonos del egoismo. Ese camino que nos dignifica como seres humanos y nos libera de las pasiones humanas. Camino que desemboca en el Amor a nuestros hermanos y a nosotros mismos, a través de nuestras obras. Camino que nos lleva a la santificación personal como culminación de nuestro Amor a Dios, colaborando con Él en la realización de su obra creadora.

Los Sacramentos tienen tres vertientes indisolubles. La primera es la disposición y entrega amorosa de nuestro corazón. Entrega a la vida cristiana en el Bautismo y su reafirmación en la Confirmación, al esposo/a en el Matrimonio, a la vida sacerdotal en el sacramento del Orden, etc., según la característica de cada sacramento. La segunda es que el Amor de Dios en Cristo Jesús se hace presente en el Sacramento. La tercera es la celebración de esa entrega amorosa y ese Amor en unión con nuestros hermanos en la fe, por ello los sacramentos se celebran en comunidad.

La vida de un cristiano debe ser un permanente sacramento, es decir vida orientada hacia los valores espirituales que nacen de lo más profundo del corazón humano, hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero a pesar de que hay muchos momentos en la vida del ser humano que orientamos nuestro corazón hacia lo sagrado, la Iglesia ha querido destacar aquellos momentos cruciales en la vida espiritual de todo ser humano. Esos momentos cruciales se celebran y representan en los Sacramentos.

De todos los sacramentos es el de la Eucaristía el que constituye el eje sobre el cual giran todos los demás, cumbre de la evangelización. En él la figura central es el Amor de Cristo, la base del cristianismo, el Reino de Dios, Reino de Amor, Paz y Justicia. Cristo que se entrega por amor a todos los hombres. Entrega que hizo libremente porque no quiso renunciar a aquello que le dictaba su corazón en defensa de la Verdad, oponiéndose frontalmente a un modelo religioso cuyas normas hacían imposible la comunión con los sentimientos profundamente sinceros que nacen en lo más íntimo del corazón humano. Pero, además, la Eucarístia es Comunión, es decir, entrega y aceptación a la vez. Cristo se entrega, pero para que el sacramento tenga efectividad en nosotros debe haber aceptación por nuestra parte, nuestro corazón debe abrirse a Cristo, es decir aceptar su mensaje de Amor, verdadero Reino de Dios."