Sobre
los Sacramentos.
La palabra sacramento viene del término latino sacramentum, formado por las palabras "sacro", es decir sagrado y "mentum", es decir, medio, modo o instrumento. Se trata por tanto de un instrumento o modo de algo que es sagrado. Los Sacramentos
representan pues un modo de acercarnos a lo sagrado o, dicho de otra manera, los caminos que nos orientan a la santificación de
nuestras vidas. Los Sacramentos son, por ello, símbolos de
santificación. Su esencia es la santificación personal de nuestras vidas. Por medio de
ellos (cada uno a su manera) reafirmamos nuestra convicción
cristiana del Amor y celebramos nuestra adhesión al evangelio de
Cristo cumbre del Amor en plenitud. El sacramento en su manifestación externa simboliza la
realidad espiritual que transforma nuestro ser, orientándonos hacia
la santificación. El símbolo es su forma externa. Si ese símbolo
no se siente como esa realidad espiritual interior y no va acompañado
del compromiso personal, de la libre y sincera adhesión a Cristo y
su mensaje salvador, está vacío de contenido, es puro rito.
El Sacramento es el Amor plenamente vivido. Es, por ello, el
camino que nos orienta hacia el verdadero Amor, liberándonos del
egoismo. Ese camino que nos dignifica como seres humanos y nos
libera de las pasiones humanas. Camino que desemboca en el Amor a
nuestros hermanos y a nosotros mismos, a través de nuestras obras.
Camino que nos lleva a la santificación personal como culminación
de nuestro Amor a Dios, colaborando con Él en la realización de su
obra creadora.
Los Sacramentos tienen
tres vertientes indisolubles. La primera es la disposición y entrega
amorosa de nuestro corazón. Entrega a la vida cristiana en el
Bautismo y su reafirmación en la Confirmación, al esposo/a en el
Matrimonio, a la vida sacerdotal en el sacramento del Orden, etc.,
según la característica de cada sacramento. La segunda es que el
Amor de Dios en Cristo Jesús se hace presente en el Sacramento. La
tercera es la celebración de esa entrega amorosa y ese Amor en unión
con nuestros hermanos en la fe, por ello los sacramentos se celebran
en comunidad.
La vida de un cristiano
debe ser un permanente sacramento, es decir vida orientada hacia los
valores espirituales que nacen de lo más profundo del corazón
humano, hecho a imagen y semejanza de Dios. Pero a pesar de que hay
muchos momentos en la vida del ser humano que orientamos nuestro
corazón hacia lo sagrado, la Iglesia ha querido destacar aquellos
momentos cruciales en la vida espiritual de todo ser humano. Esos
momentos cruciales se celebran y representan en los Sacramentos.
De todos los sacramentos es el de la Eucaristía el que constituye el eje sobre el cual giran todos los demás, cumbre de la evangelización. En él la figura central es el Amor de Cristo, la base del cristianismo, el Reino de Dios, Reino de Amor, Paz y Justicia. Cristo que se entrega por amor a todos los hombres. Entrega que hizo libremente porque no quiso renunciar a aquello que le dictaba su corazón en defensa de la Verdad, oponiéndose frontalmente a un modelo religioso cuyas normas hacían imposible la comunión con los sentimientos profundamente sinceros que nacen en lo más íntimo del corazón humano. Pero, además, la Eucarístia es Comunión, es decir, entrega y aceptación a la vez. Cristo se entrega, pero para que el sacramento tenga efectividad en nosotros debe haber aceptación por nuestra parte, nuestro corazón debe abrirse a Cristo, es decir aceptar su mensaje de Amor, verdadero Reino de Dios."
De todos los sacramentos es el de la Eucaristía el que constituye el eje sobre el cual giran todos los demás, cumbre de la evangelización. En él la figura central es el Amor de Cristo, la base del cristianismo, el Reino de Dios, Reino de Amor, Paz y Justicia. Cristo que se entrega por amor a todos los hombres. Entrega que hizo libremente porque no quiso renunciar a aquello que le dictaba su corazón en defensa de la Verdad, oponiéndose frontalmente a un modelo religioso cuyas normas hacían imposible la comunión con los sentimientos profundamente sinceros que nacen en lo más íntimo del corazón humano. Pero, además, la Eucarístia es Comunión, es decir, entrega y aceptación a la vez. Cristo se entrega, pero para que el sacramento tenga efectividad en nosotros debe haber aceptación por nuestra parte, nuestro corazón debe abrirse a Cristo, es decir aceptar su mensaje de Amor, verdadero Reino de Dios."