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lunes, 10 de octubre de 2016

La Liturgia


¿Porqué la Liturgia?



La natura humana, distraída en los asuntos mundanos,  no se aviene fácilmente a la meditación de las cosas divinas. Necesita de recursos externos para expresar la interiorización espiritual. Las mentes de los fieles necesitan de signos visibles que les orienten a profundizar en la religión y en la piedad para la contemplación de las cosas más profundas que son realidades espirituales.

Como ser social, el hombre necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás. Lo mismo sucede en su relación con Dios. El Hombre necesita alcanzar las realidades espirituales a través de signos visibles. La expresión interna del alma busca una manifestación externa del cuerpo. La vida interior, signo de la gracia, está sostenida por los actos externos, los actos litúrgicos.

La liturgia, como acto sagrado, se vale de ritos y ceremonias que ilustran y hacen comprender mejor la realidad espiritual de cada acto. Representa una traducción en elementos sensible más accesibles al conocimiento humano para representar el misterio de la gracia divina. La liturgia tiene su propio lenguaje que se expresa en signo y en símbolos. Hace de un elemento material el signo de una realidad espiritual. Por medio de la liturgia tratamos de fortalecer nuestra vida espiritual para prepararnos a afrontar la realidad del amor en nuestra vida diaria, verdadero fin de la religión.


La celebración sacramental, parte fundamental de la liturgia, está entretegida de signos y símbolos que expresan la pedagogía divina de salvación orientada al Amor presente en siete momentos fundamentales de la vida de los seres humanos.


La santificación del Hombre, en su realidad espiritual, se expresa mediante signos sensibles y se realiza de un modo propio en cada uno de los siete sacramentos. Se hace perceptible a los fieles a través de signos.


Lo vemos en el origen de la Eucaristía: Jesús tomó el pan, lo partió y lo dio a sus apóstoles, haciendo así a un gesto que corresponde a una verdad profunda que la expresa de modo sensible.

domingo, 11 de septiembre de 2016

¿Porque la Religión?

La Religión

 
La palabra religión deriva del latín "religare", es decir, unión. En el contesto de un creyente significa la unión de la persona con Dios. Este deseo personal de sentirse unido a Dios se manifiesta en la persona por considerar que su existencia, así como todo lo creado, se la debe a Él. De esta forma el ser humano agradece y alaba  a Dios por todo lo que ha creado. Y todo ello lo realiza de dos maneras: actuando en el mundo y orando. Esa comunicación de Dios y el Hombre es el elemento fundamental de la Religión. 
 
Precisamente ese agradecimiento se manifiesta en un creyente en su colaboración con la obra creadora de Dios, Es esa la forma que él tiene de estar unido con Dios. Colaborar es manifestar todo su amor para proteger y corresponder con su amor hacia todo lo creado: la naturaleza, los seres vivos y de manera muy especial con sus semejantes y consigo mismo. Esta es la mejor forma de colaborar en esta obra creadora. Amar a Dios es amar a su creación.
 
La Religión, nos une a Dios, proyectando el Amor que Dios nos tiene y haciendo que a su vez nosotros lo proyectemos hacia su obra creadora. Por eso la religión supone estar al servicio de Dios y su obra, en una palabra amar a Dios. Todas las manifestaciones genuinamente religiosas tienen un profundo sentimiento espiritual transformador, un sentimiento de Amor a Dios, a través de la práctica de la virtud, haciendo el bien. Igualmente este sentimiento se manifiesta a través de los ritos religiosos. La ausencia del mismo hace que el rito no tenga significado, se convierte en lo contrario a una verdadera manifestación religiosa. Entender la forma ritual como un fin, un valor en si mismo, es una manera de deformar su verdadero sentido, un sentido que debe ser profundamente espiritual.

Igual importancia tiene la Oración, esa comunicación directa que utiliza el ser humano para comunicarse con Dios. Por medio de ella, Dios fortalece, a través del Espíritu Santo, nuestro propio ser orientándolo hacia el Bien y el Amor.

La religión, vista de esta forma descrita, civiliza, libera, fortalece, santifica y es fuente de valores indelebles, que dignifican y engrandecen al ser humano. Pero, también, tiene peligrosos enemigos que la acechan: la increencia, el odio,  la intolerancia, la indiferencia y los integrismos religiosos bajo los cuales viven millones de personas que los esclavizan.