¿Porqué
la Liturgia?
La natura humana, distraída en los asuntos mundanos, no se aviene fácilmente a la meditación de las cosas divinas.
Necesita de recursos externos para expresar la interiorización
espiritual. Las mentes de los fieles necesitan de signos
visibles que les orienten a profundizar en la religión y en la piedad para la contemplación de las cosas
más profundas que son realidades espirituales.
Como ser social, el hombre
necesita signos y símbolos para comunicarse con los demás. Lo mismo
sucede en su relación con Dios. El Hombre necesita alcanzar las
realidades espirituales a través de signos visibles. La expresión
interna del alma busca una manifestación externa del cuerpo. La vida
interior, signo de la gracia, está sostenida por los actos externos,
los actos litúrgicos.
La liturgia, como acto
sagrado, se vale de ritos y ceremonias que ilustran y hacen
comprender mejor la realidad espiritual de cada acto. Representa una
traducción en elementos sensible más accesibles al conocimiento
humano para representar el misterio de la gracia divina. La liturgia
tiene su propio lenguaje que se expresa en signo y en símbolos. Hace
de un elemento material el signo de una realidad espiritual. Por medio de la liturgia tratamos de fortalecer nuestra vida espiritual para prepararnos a afrontar la realidad del amor en nuestra vida diaria, verdadero fin de la religión.
La celebración
sacramental, parte fundamental de la liturgia, está entretegida de
signos y símbolos que expresan la pedagogía divina de salvación orientada al Amor presente en siete momentos fundamentales de la vida de los seres humanos.
La santificación del
Hombre, en su realidad espiritual, se expresa mediante signos
sensibles y se realiza de un modo propio en cada uno de los siete
sacramentos. Se hace perceptible a los fieles a través de signos.
Lo vemos en el origen de
la Eucaristía: Jesús tomó el pan, lo partió y lo dio a sus
apóstoles, haciendo así a un gesto que corresponde a una verdad
profunda que la expresa de modo sensible.