La fe no es una cuestión científicamente demostrable sino una intuición razonable que tiene el ser humano, sea hombre o mujer, y que nace y reside en lo más profundo de su ser. Intuición por la que creemos firmemente que nuestra existencia no es producto del azar, de la casualidad, que no es un accidente por el que apareció la materia, sino que responde al plan de una inteligencia, inaprensible para la condición humana, pero real, a la que conocemos con el nombre de Dios. La fe es un don de Dios. Es una donación de su Amor.
La fe nace de ese fondo inagotable del ser humano que atesora en su interior el Espíritu Santo, esa fuerza espiritual enviada por Dios por la cual nacemos a la vida del Espíritu y que mientras vivimos reside en nuestro interior, pero que al morir se libera del cuerpo y regresa a Dios. De Dios venimos y a Dios retornamos.