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jueves, 26 de marzo de 2015

Sobre el sacramento del perdón.





El sacramento del perdón


La esencia del sacramento del perdón es la toma de conciencia de nuestro pecado, de nuestro arrepentimiento y de nuestro compromiso de no volver a pecar. De esta manera acudimos a Dios para alcanzar su misericordia. Lo hacemos siendo conscientes de que el pecado es una manifestación de nuestro egoísmo que nos aísla, nos aparta del Amor debido a Dios, a nuestros semejantes y a nosotros mismos. Por ello pedimos a Dios que se apiade de nosotros y nos perdone en su infinita misericordia. El sacerdote es el testigo y notario de esa misericordia divina, del Amor de Dios y por eso solicitamos la absolución.

Son dos las maneras utilizadas en el sacramento para confesar nuestras culpas, arrepentirse y pedir perdón a Dios por haberle ofendido con nuestra conducta: la confesión individual que cada uno realiza ante el sacerdote y la confesión comunitaria celebrada de manera colectiva.

Cuando el peso de la culpa es de tal naturaleza o gravedad la persona se siente más liberada si lo hace individualmente confesando sus culpas a una sacerdote.

Por su parte, la confesión comunitaria tiene ventajas de orden psicológico para buen número de creyentes que la utilizan como medio más íntimo para solicitar la misericordia divina. Muchas personas piensan que la confesión individual explícita y obligatoria conlleva y exige la apertura de los pliegues más profundos de nuestra conciencia. Ésta es el recinto más sagrado de la persona, su propia esencia, algo nunca susceptible de ser hollado ni menoscabado, que debiera ser respetada por otras personas. El hecho de recibir la absolución individual no debiera ser óbice para que cada uno, guiado en una ceremonia comunitaria, reflexione sobre sus propias culpas y a su manera, en su intimidad, reconozca sus pecados, se arrepienta por ello y después, comunitariamente, solicite el perdón de los mismos. Finalmente el sacerdote, como testigo y notario de la misericordia divina, ante el reconocimiento del penitente de sus pecados y la petición del perdón, le imparte la absolución.

Todo ello, no iría en menoscabo de la confesión explícita hecha de forma individual y voluntaria, si la persona en concreto tranquiliza su conciencia haciéndolo de esta manera o quiera solicitar consejo al confesor como guía espiritual.