El
sacramento del perdón
La
esencia del sacramento del perdón es la toma de conciencia de nuestro pecado, de nuestro arrepentimiento y de nuestro compromiso de no volver a pecar. De
esta manera acudimos a Dios para alcanzar su misericordia. Lo hacemos
siendo conscientes de que el pecado es una manifestación de nuestro
egoísmo que nos aísla, nos aparta del Amor debido a Dios, a nuestros
semejantes y a nosotros mismos. Por ello pedimos a Dios que se apiade
de nosotros y nos perdone en su infinita misericordia. El sacerdote
es el testigo y notario de esa misericordia divina, del Amor de Dios y por eso solicitamos la absolución.
Son
dos las maneras utilizadas en el sacramento para confesar nuestras
culpas, arrepentirse y pedir perdón a Dios por haberle ofendido con
nuestra conducta: la confesión individual que cada uno realiza ante
el sacerdote y la confesión comunitaria celebrada de manera
colectiva.
Cuando
el peso de la culpa es de tal naturaleza o gravedad la persona se
siente más liberada si lo hace individualmente confesando sus culpas
a una sacerdote.
Por
su parte, la confesión comunitaria tiene ventajas de orden
psicológico para buen número de creyentes que la utilizan como
medio más íntimo para solicitar la misericordia divina. Muchas
personas piensan que la confesión individual explícita y
obligatoria conlleva y exige la apertura de los pliegues más
profundos de nuestra conciencia. Ésta es el recinto más sagrado de
la persona, su propia esencia, algo nunca susceptible de ser hollado
ni menoscabado, que debiera ser respetada por otras personas. El
hecho de recibir la absolución individual no debiera ser óbice para
que cada uno, guiado en una ceremonia comunitaria, reflexione sobre
sus propias culpas y a su manera, en su intimidad, reconozca sus
pecados, se arrepienta por ello y después, comunitariamente,
solicite el perdón de los mismos. Finalmente el sacerdote, como testigo y notario de la misericordia divina, ante el reconocimiento del penitente de sus pecados
y la petición del perdón, le imparte la absolución.
Todo
ello, no iría en menoscabo de la confesión explícita hecha de
forma individual y voluntaria, si la persona en concreto tranquiliza
su conciencia haciéndolo de esta manera o quiera solicitar consejo
al confesor como guía espiritual.