Reflexiones sobre fe y religión
Cuando
una persona nace, el Espíritu de Dios se deposita en su nuevo
corazón. El Espíritu de Dios alienta su alma. Cuando muere su cuerpo libera su Espíritu que vuelve a
Dios para vivir en el Reino del Amor Eterno. Su liberación se
asemeja a la muerte de la crisálida que libera a la mariposa que
nace a una nueva vida. Así ocurrirá con nuestra vida terrena. El
Espíritu que mora en nosotros elevará su vuelo para alcanzar a
Dios.
Esta
visión corresponde a una persona que cree en Dios y está unido a él
por medio de la religión. Pero el camino del creyente no es un
camino fácil y ello comporta una búsqueda personal. Porque en el
mundo existen creyentes pero cada uno enfoca esa creencia de una
forma determinada. Naturalmente los condicionamientos sociales son un
importante factor que influye en el seguimiento de un determinado
credo.
La
práctica de un determinado credo religioso, en buena parte de los creyentes,
sigue el camino marcado por los convencionalismos sociales
imperantes. Pero a medida que el hombre o mujer avanza en su vida
adulta empieza a preguntarse y cuestionarse por las verdaderas
motivaciones que le llevan a practicar ese credo. Se
encuentra ante un muro de incertidumbres. Esto hace que esa persona
adulta se empiece a construir su propio mundo interior sin que los
condicionamientos sociales le impidan tomar una decisión libre en
conciencia.
El
camino que seguirá no es fácil pues en buena medida se encontrará
solo en la búsqueda de esos puntos de referencia, esas cuestiones
fundamentales que afectan a lo más profundo del ser humano.
Así
se irá construyendo y desarrollando esa fe adulta. Ya se encuentran
lejanos los primeros estadios de su vida, donde niño todo se le va
dado, pero donde se va definiendo y separando lo bueno de los malo. Y
esto es un comienzo prometedor pero insuficiente para su fe adulta.
Más adelante la persona va aceptando las creencias y prácticas del
grupo donde se encuentra seguro. Pero para una fe adulta esto tampoco
es suficiente. Es el momento de la crisis personal y empieza a
cuestionarse sus propias creencias. Trata entones de basar sus
creencias en valores sólidos para su conciencia, ahondando en su
mundo interior y dando sentido verdadero desde lo más profundo de su
ser a sus creencias religiosas.
Empieza
ahora a dar sentido a sus prácticas, antes poco comprendidas. La
mayor parte de las veces sin salirse de la corriente social
imperante, aunque lo haga de una manera heterodoxa.
Pero en otros casos, los menos, no siguen siempre este camino.
Se puede dar el caso de que sus dudas sean tales que reconozcan que no tienen elementos razonables para llegar a planteamientos probados y desisten en la búsqueda. Es el caso de los agnósticos.
En otros casos tratan de buscar las respuestas que les satisfagan en otra religión, diferente a la que tenían hasta ese momento. En este caso se trata de una conversión.
Finalmente, quedan aquellos que sólo creen en lo que ven, en lo que perciben físicamente. Para ellos, no existe trascendencia en el ser humano. Para ellos, la religiosidad es una ficción de la mente humana, un simple hecho cultural. Es este caso se trata de personas ateas.
Pero en otros casos, los menos, no siguen siempre este camino.
Se puede dar el caso de que sus dudas sean tales que reconozcan que no tienen elementos razonables para llegar a planteamientos probados y desisten en la búsqueda. Es el caso de los agnósticos.
En otros casos tratan de buscar las respuestas que les satisfagan en otra religión, diferente a la que tenían hasta ese momento. En este caso se trata de una conversión.
Finalmente, quedan aquellos que sólo creen en lo que ven, en lo que perciben físicamente. Para ellos, no existe trascendencia en el ser humano. Para ellos, la religiosidad es una ficción de la mente humana, un simple hecho cultural. Es este caso se trata de personas ateas.