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miércoles, 20 de diciembre de 2017

Fe y religión

Reflexiones sobre fe y religión

 

Cuando una persona nace, el Espíritu de Dios se deposita en su nuevo corazón. El Espíritu de Dios alienta su alma. Cuando muere su cuerpo libera su Espíritu que vuelve a Dios para vivir en el Reino del Amor Eterno. Su liberación se asemeja a la muerte de la crisálida que libera a la mariposa que nace a una nueva vida. Así ocurrirá con nuestra vida terrena. El Espíritu que mora en nosotros elevará su vuelo para alcanzar a Dios.

Esta visión corresponde a una persona que cree en Dios y está unido a él por medio de la religión. Pero el camino del creyente no es un camino fácil y ello comporta una búsqueda personal. Porque en el mundo existen creyentes pero cada uno enfoca esa creencia de una forma determinada. Naturalmente los condicionamientos sociales son un importante factor que influye en el seguimiento de un determinado credo.

La práctica de un determinado credo religioso, en buena parte de los creyentes, sigue el camino marcado por los convencionalismos sociales imperantes. Pero a medida que el hombre o mujer avanza en su vida adulta empieza a preguntarse y cuestionarse por las verdaderas motivaciones que le llevan a practicar ese credo. Se encuentra ante un muro de incertidumbres. Esto hace que esa persona adulta se empiece a construir su propio mundo interior sin que los condicionamientos sociales le impidan tomar una decisión libre en conciencia.

El camino que seguirá no es fácil pues en buena medida se encontrará solo en la búsqueda de esos puntos de referencia, esas cuestiones fundamentales que afectan a lo más profundo del ser humano.

Así se irá construyendo y desarrollando esa fe adulta. Ya se encuentran lejanos los primeros estadios de su vida, donde niño todo se le va dado, pero donde se va definiendo y separando lo bueno de los malo. Y esto es un comienzo prometedor pero insuficiente para su fe adulta. Más adelante la persona va aceptando las creencias y prácticas del grupo donde se encuentra seguro. Pero para una fe adulta esto tampoco es suficiente. Es el momento de la crisis personal y empieza a cuestionarse sus propias creencias. Trata entones de basar sus creencias en valores sólidos para su conciencia, ahondando en su mundo interior y dando sentido verdadero desde lo más profundo de su ser a sus creencias religiosas.

Empieza ahora a dar sentido a sus prácticas, antes poco comprendidas. La mayor parte de las veces sin salirse de la corriente social imperante, aunque lo haga de una manera heterodoxa.

Pero en otros casos, los menos, no siguen siempre este camino.

Se puede dar el caso de que sus dudas sean tales que reconozcan que no tienen elementos razonables para llegar a planteamientos probados y desisten en la búsqueda. Es el caso de los agnósticos.

En otros casos tratan de buscar las respuestas que les satisfagan en otra religión, diferente a la que tenían hasta ese momento. En este caso se trata de una conversión.

Finalmente, quedan aquellos que sólo creen en lo que ven, en lo que perciben físicamente. Para ellos, no existe trascendencia en el ser humano. Para ellos, la religiosidad es una ficción de la mente humana, un simple hecho cultural. Es este caso se trata de personas ateas.