La Santísima Trinidad
La Santísima Trinidad es la denominación que se da a un Dios trino y uno. Tres personas distintas en un solo Dios verdadero, de esencia o sustancia única, sin principio ni fin, eterno. Dios es el que es. Así se definió Él mismo a Moisés en el Sinaí. Sus atributos son Omnipotencia, Omnisciencia, Amor, Misericordia, Santidad, Justicia. Todos ellos en plenitud. La esencia de Dios es el Amor. Dios es Amor en palabras de San Juan evangelista. El ser humano no es capaz, a la luz de la razón, entender tan hondo misterio. No obstante, si puede acercarse a su comprensión a la vista del desarrollo de la historia de la religión y sobre todo de la Revelación.
Para acercarnos a esa comprensión de su naturaleza y sustancia nada mejor que utilizar un símil. El símil más utilizado para definir la sustancia divina y su relación con la Trinidad es el ejemplo del agua, que a pesar de ser una sustancia única es capaz de tomar tres estados diferentes: sólido, líquido y gaseoso.
Otra forma de poder intuir y explicar de forma sencilla el misterio incomprensible para la razón humana de la sustancia de un Dios, a la vez trino y uno, es el ejemplo del sol. El sol está formado por una sustancia única, sin embargo, se manifiesta de tres formas diferente, a saber: como magma incandescente, como luz que alumbra el mundo y como calor que difunde al entorno que le rodea.
En lo referente a Dios, según se ha señalado, aunque su sustancia es única se nos presenta en forma trinitaria. En primer lugar, como Padre creador del mundo (magma), debido al poder que tiene como Ser Omnisciente, es decir, conocedor de todas la cosas reales y posibles, y Omnipotente, o facultad capaz de hacerlas realidad. En segundo lugar se nos da como Verbo o Palabra revelada (luz) a través de los tiempos por medio de los profetas y, al llegar la plenitud de los tiempos, en la persona de Jesucristo, hijo del Padre, que es la palabra o voluntad de Dios encarnada, huella de Dios e imagen perfecta de Él, y que con su ejemplo nos muestra la forma en que el Amor del Padre es transmitido a la humanidad . Y en tercer lugar, se presenta como Espírítu Santo, esa fuerza espiritual insondable e inagotable (calor) que Dios ha puesto desde nuestro nacimiento en el interior del ser humano y que le impulsa a amar y ser amado; fuerza que, a lo largo de la vida, nos robustece espiritualmente por medio de la oración y los sacramentos.