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jueves, 5 de febrero de 2015

Dios y la oración



Sobre Dios y la oración.


La fuerza espiritual nos fue dada por Dios al crearnos y se refuerza y fortalece por la acción del Espíritu mediante la oración y la acción. No nos vanagloriemos de nuestra propia fortaleza pues ésta, en cualquier caso, se la debemos a Dios.

Mediante la oración abrimos nuestro corazón  y el Espíritu de Dios se reaviva en nuestro interior y nos transforma, santificando nuestros corazones, vivificando nuestras conciencias. La oración es la llama del Amor que actualiza nuestro compromiso bautismal. La oración nos alimenta espiritualmente y alienta nuestro espíritu si estuviere aletargado.  Abre nuestro corazón al Amor.

Nosotros contemplamos y oramos para re-crearnos a nosotros mismos y fortalecernos para actuar de un modo más activo y eficaz para gloria de Dios y provecho del mundo.

Conocer a Dios es conocer su Palabra a través de las enseñanzas de Cristo. Escúchala y medítala por medio de la oración y, luego, ponla en práctica en la vida diaria. Para encontrar a Dios debes empezar mirando en lo más profundo de tu propio Ser; luego dirige tu mirada a tu prójimo necesitado y sírvele. Allí encontrarás el rostro de Dios en tu hermano.

El retiro interior enseña a discernir y ayuda a crear y a profundizar en nuestros corazones ese silencio en el que se hace audible la voz de Dios. El silencio te acercará a Dios. Ama el silencio. Suprimimos el deseo de Dios, de su Amor, con multitud de deseos y placeres.

Dios nos habla en su propio lenguaje. El lenguaje del Amor. Amor que anida en lo más profundo de nuestro ser, a pesar de que muchas veces lo ocultamos con nuestros propios egoismos. Con el arrepentimiento volvemos a resucitar ese Amor dormido.

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