Sobre Dios y la oración.
La fuerza espiritual nos fue dada por Dios al crearnos y se
refuerza y fortalece por la acción del Espíritu mediante la oración y la
acción. No nos vanagloriemos de nuestra propia fortaleza pues ésta, en
cualquier caso, se la debemos a Dios.
Mediante la oración abrimos nuestro corazón y el Espíritu de Dios se reaviva en nuestro
interior y nos transforma, santificando nuestros corazones, vivificando
nuestras conciencias. La oración es la llama del Amor que actualiza nuestro
compromiso bautismal. La oración nos alimenta espiritualmente y alienta nuestro espíritu si estuviere aletargado. Abre nuestro
corazón al Amor.
Nosotros contemplamos y oramos para re-crearnos a nosotros
mismos y fortalecernos para actuar de un modo más activo y eficaz para gloria
de Dios y provecho del mundo.
Conocer a Dios es conocer su Palabra a través de las
enseñanzas de Cristo. Escúchala y medítala por medio de la oración y, luego,
ponla en práctica en la vida diaria. Para encontrar a Dios debes empezar
mirando en lo más profundo de tu propio Ser; luego dirige tu mirada a tu
prójimo necesitado y sírvele. Allí encontrarás el rostro de Dios en tu hermano.
El retiro interior enseña a discernir y ayuda a crear y a
profundizar en nuestros corazones ese silencio en el que se hace audible la voz
de Dios. El silencio te acercará a Dios. Ama el silencio. Suprimimos el deseo de
Dios, de su Amor, con multitud de deseos y placeres.
Dios nos habla en su propio lenguaje. El lenguaje del Amor.
Amor que anida en lo más profundo de nuestro ser, a pesar de que muchas veces
lo ocultamos con nuestros propios egoismos. Con el arrepentimiento volvemos a
resucitar ese Amor dormido.
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