Páginas

domingo, 18 de febrero de 2018

Amar al mundo


“Amar al mundo apasionadamente” (1)


Es un malentendido orientar el cristianismo como algo solamente espiritual, espiritualista, propio de gentes puras, extraordinarias, que no se mezclan en las cosas despreciables de este mundo, o a lo más, que las toleran como algo necesariamente yuxtapuesto al espíritu.

Cuando se ven las cosas de este modo, el templo se convierte en el lugar por antonomasia de la vida cristiana; y ser cristiano es, entonces, ir al templo, participar en sagradas ceremonias, incrustarse en una sociología eclesiástica, en una especie de mundo segregado, que se presenta a si mismo como antesala del cielo. La vida de la gracia pasaría, pues, como rozando el ajetreado avanzar de la vida humana pero sin encontrarse con él.

Esa es una visión deformada del cristianismo.

Allí donde están vuestros hermanos los hombres, allí donde están vuestras aspiraciones, vuestro trabajo, vuestros amores, allí está vuestro encuentro cotidiano con Cristo. Es, en medio de las cosas materiales de la tierra, donde debemos santificarnos, sirviendo a Dios y a todos los hombres. Hay un algo santo en las cosas más comunes.

Debemos apartarnos de la tentación de llevar una doble vida: la interior, la vida de relación con Dios, de una parte; y de otra, distinta y separada, la vida familiar, profesional y social. ¡Que no! ¡Que no debe haber una doble vida! Si queremos ser cristianos no hay mas que una única vida hecha de carne y espíritu que la encontraremos en las cosas más visibles y materiales.

Es, pues, lícito hablar de un materialismo cristiano, un humanismo cristiano, que se opone audazmente a los materialismos cerrados al espíritu.

Así pues, amad a Dios y a los hombres poniendo vuestro amor en todas las cosas grandes o pequeñas de vuestra vida ordinaria habitual. Dejaos pues, de sueños, de falsos idealismos, de fantasías, de “mística pretenciosa” y ateneos a la realidad más material e inmediata, santificándola, que es donde está la esencia de lo que nos enseñó el Señor. Asimismo, amad y respetad a la naturaleza como obra creadora de Dios, la cual estamos obligados a preservar.

Todo esto nos lleva a considerar que el Amor es la verdadera razón de la vida.





(1) Pensamientos extraídos de textos de San José María Escribá de Balaguer (1967).


No hay comentarios:

Publicar un comentario