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martes, 24 de diciembre de 2024

Homilía para el día de Navidad

 Extracto de la homilía del Abad de Montserrat para el día de Navidad


Dios antiguamente había hablado a los Padres por boca de los Profetas; pero ahora, en estos días que son los últimos del Adviento, nos ha hablado a nosotros en la persona del Hijo. Él es resplandor de la gloria de Dios e impronta de su mismo ser, encarnación suya en el mundo.

Estamos celebrando que Dios ha hablado. Que existía una Palabra desde el principio y que esa palabra es la huella del mismo ser de Dios. Ahora hemos podido escuchar finalmente esta Palabra. La única imagen perfecta de Dios es Jesucristo. Por Él conocemos a Dios. A Dios nadie le ha visto nunca y es el Hijo, Jesucristo, quien lo ha revelado en verdad.

Esta historia humana de Dios la imaginó y realizó por primera vez san Francisco de Asís hace ochocientos años, cuando hizo el primer pesebre. Lo hacía movido por el amor a Jesús y a los hombres y mujeres, por el deseo de hacer participar más y mejor a todo el mundo en la renovación cristiana que esta Palabra de Dios le inspiró como tan pocos otros santos en la historia. El Belén nos acerca el misterio del nacimiento de Jesús.

Navidad a través de la persona de Jesucristo nos explica quién es Dios, pero también nos dice que ese Dios ha venido a impregnarnos de Amor. A partir de Jesucristo, nuestra humanidad también ha cambiado, quedando en una situación mucho más favorable a hacer el bien, limpia, bien dispuesta. En su vida que, simbólicamente comienza esta noche, Jesús de Nazaret, Cristo, nos demostró hasta qué punto podía ser maravillosa la condición humana, hasta qué punto él podía enseñarnos a qué metas de generosidad, de servicio y de amor podíamos llegar los hombres y mujeres si nos lo proponemos. Dios, que desde siempre nos había llamado a la bondad a través de los profetas y de todos los testimonios que encontramos en el Antiguo Testamento, vino a transformar definitivamente la condición humana cuando en la historia quiso quedar “en humilde pequeñez recluido” como le cantamos en la Santa Noche, noche de Paz.

Pero no siempre respondemos al reto de amor que esta presencia de Jesús nos exige, Esta exigencia es indispensable para un cristiano y nos capacita para vivir el cristianismo en verdad como nos lo enseña el Evangelio.


El mensaje de Navidad es que precisamente él cuenta con cada uno de nosotros para que la historia continúe el camino hacia el bien.

El poder de la Palabra de Dios con la ayuda del Espíritu Santo nos ayuda sobre todo a nosotros y a nuestro compromiso. Cuántas veces nos hemos sentido apoyados por el ejemplo, por la comunión que captamos en Jesucristo en oración, por la presencia insustituible de los sacramentos, especialmente en la eucaristía.

La Navidad es certificar que Dios nos ha hablado definitivamente en Cristo. Con una Palabra que viene a explicarnos quien es Dios y a pedir nuestro compromiso con el mundo, para continuar su labor de sostener, de ayudar a que brille luz en las tinieblas que no le han podido acoger. Él es una palabra que habla más allá de toda lengua, habla al corazón de quien se confía en él.


En estas Navidades, solidarias con el mundo, confesando ese Dios que conocemos por la Palabra y con quien confiamos por el poder de esta misma palabra, seamos sobre todo agradecidos por todo lo que tenemos y por la situación de Paz interior que disfrutamos orientando nuestros corazones hacia el niño Dios que ha nacido y que nos permite celebrar estas fiestas en la alegría y la fraternidad de la familia, de los amigos, de nuestra comunidad.


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