Recuerdo y
despedida
El
día pasado asistí al funeral de la esposa de un viejo amigo y
compañero de estudios, una mujer de “verdad”. Al final del acto
un amigo de la familia se dirigió a los presentes con unas sentidas
palabras de condolencia que me impresionaron hondamente. Dijo así:
Amigos,
amigas, queridos todos,
hoy
es para nosotros un día amargo
y
muy especialmente para vosotros,
la
familia de Maite,
a
la que hemos venido a arropar
con
nuestra presencia y amistad.
Hoy,
a todos se nos ha muerto la dulzura
el
rostro siempre amable, la sencillez
y
la mesura.
A todos se nos ha muerto Maite
que
era esposa, madre, hermana,
amiga
y servidora de todos,
una
persona valiosa.
¿Cómo
haremos para llenar ese no-estar
suyo,
entre nosotros, cómo asumir
su
ausencia, la calidez de su voz que tantas veces
nos
ha trasmitido La Palabra desde
este
mismo atril?
Su
pérdida, una vez más, nos interpela,
nos
llena de tristeza,
y
nos hace preguntarnos por el sentido
y
fin de nuestras vidas.
Humildemente
me atrevo a recordar,
como
cristiano, que nuestras vidas
no
son para nosotros un accidente,
una
casualidad, un absurdo perdido
en
el Cosmos, sin otro fin que desaparecer.
Nosotros
los cristianos, creemos
que
venimos de Dios y que a Él regresamos.
Jesús
es nuestro Camino, nuestra Verdad,
La
Luz que nos guía, Jesús es la almena
en
la que resistimos la adversidad,
en
Él vivimos y en Él confiamos.
“Quien
crea en Mí, aunque haya muerto vivirá”
estas
fueron sus palabras, y en esta
esperanza
es en la que te despedimos
y
te recordamos, Maite, querida nuestra.
A
vosotros, sus más queridos, os abrazamos;
permaneced
en su recuerdo unidos
y
que El Señor, nuestro Dios, a todos
nos
bendiga.
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